Conoce el equipo: Pepe, el agricultor

Hace bastantes años, los dueños de Cas Gasi, Margaret y Luis, contrataron a un técnico ibicenco para que viniese a instalar una fuente  en los jardines de su casa.

De paso, mencionaron que estaban buscando a alguien para ayudar en el jardín. El amable fontanero envió a su primo, Pepe, y 20 años después, el resultado de tal casual conversación se puede ver en la abundante riqueza de los jardines de Cas Gasi.

Nacido y crecido en el municipio de Sant Antoni, en donde sigue viviendo, Pepe ha estado atendiendo con dedicación el campo de Cas Gasi desde ese día. La visión de Margaret era clara: crear un lugar de recogimiento que al mismo tiempo proporcionara deliciosas frutas y verduras ecológicas. Pronto encontró en Pepe a su alma gemela agricultor, para nada extrañado de que Margaret no quisiera utilizar productos químicos. Era como se había cultivado durante generaciones y la manera en que los ibicencos habían trabajado el campo desde milenios, hasta que desde la administración se empezara a interferir en sus métodos tradicionales.

Hoy en día la gestión de los jardines decorativos está en manos de un equipo de jardineros,  y Pepe concentra sus energías únicamente en la agricultura. Es el responsable de la producción de las aceitunas, verduras, frutas y hierbas aromáticas, y el fruto de su trabajo (valga la redundancia) termina en la cocina de Cas Gasi y en los platos de los clientes.

Hay un orgullo callado y austero en su forma de trabajar y en su actitud. Según Margaret,  sigue teniendo la energía de un joven a pesar de todos estos años. “Está en todas partes y al mismo tiempo, trabajando y sembrando sin parar” dice, y su confianza en su saber hacer y habilidades es inquebrantable. Su modestia hace que no sea tarea fácil conseguir que Pepe dé su opinión a la hora de tomar decisiones, pero normalmente es la adecuada.
Con Cati, la gobernanta, y Pepe, el agricultor, ibicencos e incondicionales los dos, Cas Gasi está en buenas manos. Dice mucho de su relación con Margaret y Luis que estas excepcionales personas estén tan comprometidas con su trabajo, hasta el punto que no se les considera ya como  empleados, sino sin lugar a dudas como parte de la familia.